Todos los seres humanos tenemos cosas buenas y malas. Ejemplo de esto puede llamarse a lo que llamamos fortalezas y debilidades, o cualidades y defectos, pero un maestro debe, tanto profesional como moralmente, potencializar sus fortalezas así como reducir sus debilidades, porque es una guía a seguir para todos sus alumnos, razón de peso, por la cual ante todo debe ser una excelente persona.
A mi juicio, la peor experiencia que he tenido con un profesor, que considero no tenia la calidad humana, ni el intelecto para desempeñarse en su cargo, la tuve el año pasado, en mi ultimo año de colegio. Era una maestra que daba clases de matemáticas y geometría a estudiantes de grados octavo, noveno, décimo y once. Cuando pasaba al tablero no explicaba de una forma entendible, por lo cual nunca llegaba a la respuesta correcta, enredándose y se notaba a simple vista que no tenía la capacidad ni los conocimientos necesarios para hacerlo, por lo cual nosotros, sus estudiantes, no comprendíamos prácticamente nada de lo que “explicaba”.
La mayoría de veces llegaba bastante retardada al salón de clase. En algunas ocasiones, llegaba a la hora adecuada, decía que hiciéramos los trabajos en grupos de ocho integrantes, por lo cual se formaba desorden, dejaba unas fotocopias, las cuales llamaba “taller”, para que las solucionáramos, con el pretexto de que la próxima clase haría evaluación sobre “el contenido visto” y se quedaba fuera del aula por una gran cantidad de tiempo. Al final de la clase de dos horas, más o menos diez minutos antes, llegaba a recoger lo que habíamos hecho en los trabajos, que por supuesto era muy poco o nada por no haber comprendido el tema, ni recibido la correspondiente explicación.
Un día esta “profesora” estaba en clase, uno de mis compañeros le tiró una cáscara de mandarina en la cabeza, ella preguntó que quién había sido, pero nadie confesó, razón por la cual no tomó cartas en el asunto, ni comentó nada respecto al tema. Además, no se había ganado el respeto de sus compañeros de trabajo, y por algunos de ellos era objeto de muchas criticas, respecto a su trabajo, razón por la cual hablaba mal de los otros maestros, de la rectora y nos decía: “La envidia es mejor despertarla que sentirla”, también afirmaba que con ayuda de sus conocimientos y saberes, nosotros llegaríamos muy lejos y muy seguramente entraríamos, con facilidad, a cualquiera de las universidades oficiales o públicas de la ciudad, por ser una asignatura indispensable, para que una persona incursionara en los estudios superiores.
Los alumnos la irrespetaban constantemente y tuvo conflictos con ellos varias veces, al perder la materia por no comprender las explicaciones de ella, que respondía con evasivas a cualquier tipo de reclamo.
Otra de sus costumbres, era que en todo el periodo no sacaba las notas correspondientes y cuando éste iba a terminar decía que hiciéramos un trabajo para sacar de ahí la nota final, sin tener en cuenta el esfuerzo de los alumnos para cumplir con las actividades que ella proponía. Esta profesora a veces no asistía al colegio, explicando a sus estudiantes que tenia una incapacidad medica.
Sin embargo, lo más irónico es que esta docente escogió como profesión ser maestra de una asignatura en la cual la persona que la va a ejercer, debe saber explicar, más que en ninguna otra de manera clara y concisa para que los demás logren entender, pero ella no poseía esa habilidad fundamental. Además, a pesar de sus actitudes y de que duró hasta cuatro años con algunos estudiantes, enseñando asignaturas esenciales para algo tan elemental como el examen del ICFES, nunca se atrevieron a comentar el caso, para que consiguieran una persona que de verdad tuviera la capacidad para dictar clase en un grado tan importante como once, al pensar que la rectora no haría nada al respecto.
PAOLA ANDREA RAMIREZ OSPINO
CODIGO: 2009258046

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